martes, 24 de mayo de 2016

Lectura recomendada: La elegancia del erizo, de Muriel Barbery.

Ésta entrada se la quiero dedicar a Amelia, autora del blog De patito a Cisne.

Éste post trata sobre la recomendación de una lectura: La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, que hace unos días, recomendaba a su vez mi amiga Amelia en una de sus entradas.

Si fuese una receta, sin duda la cocinaría inmediatamente sin dudarlo, y tras las sensaciones obtenidas tras ella, sería una de mis recetas favoritas, sino la más.

Es una  novela corta, pero que cuenta con unos ingredientes con los que disfruto enormemente y no podía dejar de probar. Chocolate, ciruelas claudias, té, Japón, gatos, amistad, arte y amor es un compendio de ingredientes que no podía dejar de probar y que ha elevado mi alma durante la lectura hasta niveles inigualables, y a la par, como buena receta que se precie, me ha dejado un sabor de boca que tardará mucho en desaparecer de mi paladar. Amén que será releída más veces, eso os lo aseguro.

No os voy a contar nada más sobre ella, salvo alguna sensación, cosa difícilmente descriptible  pero lo intentaré. Ojalá algún día pudiese yo escribir y transmitir algo tan bello y con tanta delicadeza. Mi lectura fue constantemente con una sonrisa en la boca, y al menor hueco que tenía allí estaba yo con mi novela disfrutando de su lectura. 

Poco antes de acabar fue cuando me rompí. Deposite delicadamente el ebook sobre la mesa, por miedo irracional a que se ¿rompiese quizás?, y me fui a la cocina con una congoja impresionante a por el rollo de papel de cocina, no sé bien por qué, pero ya adivinaba que con un paquete de pañuelos no tendría suficiente. Y sucedió lo que nunca antes me había ocurrido con un libro, llamadme insensible. Proseguí la lectura con el aire retenido en mis pulmones y de repente estallé a llorar.

Nunca antes había llorado con un libro. Emoción, congoja, impotencia.... todo eso sí, en muchas ocasiones, y llorar con películas, también. Pero con un libro, es la primera vez en mi vida que me ocurre, pues si me hubiese pasado alguna que otra vez me acordaría sin duda alguna. Y fue así, como entre lágrimas y suspiros, anoche acabé el libro.

Quizás ahora estoy más receptiva, quien sabe. En cualquier caso, quiero darte las gracias mi querida Amelia por semejante recomendación. Es una experiencia que irá conmigo para siempre, mil gracias.

Y poco más que añadir, si tenéis la oportunidad de leerlo, creo que su lectura no os dejará indiferentes.


jueves, 19 de mayo de 2016

Recribando el armario: Toallas y sábanas.

Sí, empezando de nuevo, aunque no de cero.

Hace poco más de un año que empecé ésta aventura, muy bien acompañada por cierto (¡GRACIAS!) y si algo he aprendido, es la importancia de disfrutar tanto del camino como del fin si lo hay.

Comencé, como bien sabéis por el armario y la ropa, y si tengo que recomendar a alguien por donde empezar, sin lugar a dudas mi propuesta sería esa (no son pocos los autores que recomiendan hacerlo así y estoy muy de acuerdo).

Fue una cribada brutal la que hice, tanto que se me quedó el armario casi vacío. Dejé tan sólo lo que me ponía más algunas prendas que tendrían una última oportunidad.

Tan vacío se quedó que cuando hice la criba en las cómodas (donde tenía la ropa de casa), éstas prendas del hogar, pasaron a varios cajones de mi armario y las cómodas fueron regaladas saliendo de casa para siempre.

Todos los días (ad)miro mi armario. Es como un ritual de paz y sosiego. Hago la cama y ordeno la ropa, me siento y lo miro un rato. Y alucino de lo bien que está. Ese tan añorado orden llegó desde hace un año y aún no me canso de verlo.

Por supuesto, el armario se volvió a llenar. Con la ropa de casa, y la mía de todas las temporadas (ya no guardo ropa de otras temporadas), los zapatos, y algunas cosas más, el armario se llenó. Sigue estando bien, y ordenado, pero de alguna manera algo no terminaba de convencerme.

¿Es posible que a menos ropa tenga, menos ropa use?, ¿Es posible que al disponer de más tiempo para todo, necesite incluso menos de lo que tengo?

Cambiando las sábanas me he dado cuenta que hace tiempo que no abro el cajón de las sábanas (y cortinas). Cuándo lavo éstas, como mucho, en media hora están secas (pongamos una hora en invierno), y me gusta dejar los colchones ventilando ese tiempo, aspirarlos y demás, por lo que en cuanto las recojo, las pongo, y el cajón no se abre. Lo mismo para las cortinas, lavadas y casi puestas.

Para el baño lo mismo. Sólo tengo un baño, por lo que la primera criba de toallas os podéis imaginar cómo fue. Me quedé "sólo" 3 juegos de toallas, de los cuales el del fondo ni sale del cajón, pues uno está puesto, y los otros dos guardados. Cuando las pongo a lavar, pongo el primero y ese hueco se rellena en cuanto el otro juego está seco.

Con la ropa me está pasando un poco más de lo mismo, no sé si la comodidad de llevar siempre las mismas prendas, que me gustan mucho por cierto, y lo "a la mano" que las tengo constantemente, creo que ha hecho que algunas otras prendas caigan en el olvido.

Ésta semana vuelvo a recribar el armario, empezar por el principio y volver a hacer un poco más fácil mi vida, y a la par, aligerar el peso de mi armario.

Hoy he empezado por dos cajones: el de las toallas y el de las sábanas.

En el cajón de las sábanas sólo he dejado 2 juegos, y los otros dos están puestos. Creo que no son necesarios, y quizás en la próxima criba me quede con uno de repuesto, porque nunca se sabe, además, a mi se me rompen de un día para otro sin avisar (previos años de servicios obviamente jeje). Han salido otros dos que tenía bastante viejecitos, pero no están para regalar, así que se quedan para trapos. También ha salido una funda de nórdico, tengo tres, y una no la uso  nunca, así que será regalada porque está en buenas condiciones. y dos fundas de cojín que cuando las he visto, ni me acordaba de ellas, bien al fondo que estaban y no las he echado de menos para nada, adiós y gracias!

Las cortinas (dos juegos) se han quedado, pues dependiendo de la temporada me gustan unas  más que otras, en cualquier caso son muy finitas y ocupan muy poco lugar (amén que les doy uso por lo menos una vez al año).

En el cajón de las toallas he dejado tres toallas de playa (una para cada uno), y de baño sólo un juego de recambio. El juego del baño hacen dos, y el tercero lo he destinado para mis michis, guardado en otra zona aparte donde tengo sus cosas de aseo. Y sus antiguas toallas han salido de casa, ya estaban muy raídas y han cumplido con creces su cometido. En ese mismo cajón, como quedaba un huequecito y por aprovechar que están las toallas de playa, he metido un bolsito transparente con los bañadores, para tenerlos a la vista pero protegidos mientras no se utilizan.

En resumen, un bolsón menos de cosas que no utilizo que vuelven a cobrar vida, aunque sea de otras formas, y un poco más de espacio en un par de cajones, todo a mano y a golpe de vista, y con muchas ganas de continuar con el armario, ya os contaré!

lunes, 16 de mayo de 2016

Recribando el baño, ¡potingues fuera!

Ayer limpiando el baño me encontré como hace unos meses, levantando y limpiando demasiadas cosas. ¿Cómo se habían metido tantos potingues ahí, si yo uso poca cosa y casera?

Hace unos meses, me tocó por primera vez en mi vida un premio especial en un sorteo. Consistía en una cesta, llena de productos cosméticos. Tiene su aquél la cosa, pues el sorteo era entre dorsales de participación, no había que apuntarse expresamente. Por un lado me alegré muchísimo, pues no había experimentado nunca la sensación de que te toque algo en un sorteo, está bien saber qué te puede tocar a ti, y por otro lado, lo repartí. Me quedé con lo que no llevaba componentes de origen animal y lo demás repartido entre dos grandes de mi entorno, que nunca tengo oportunidad de regalarles nada y me sentí genial de poder hacer ese gesto.

Lo probé todo, pero al final, lo que son las costumbres, allí se quedó sin usar, y haciéndome gastar mi precioso tiempo limpiando y ordenando. Así que cogí una bolsa y eché todos los potingues, cremas, lociones, y lacas de uñas, y vuelta a repartir entre mis chicas, ellas si que les van a dar el uso que merecen.

Y yo de nuevo tengo el baño de lo más despejadito de nuevo, facilitándome  el mantenimiento.

La verdad es que ir haciendo redestrasteos es necesario cada cierto tiempo, y lo mejor es que hace sentir muy bien, como en los principios, aunque sin agotarse una tanto desde luego. Y la sensación de saber que esas cosas vuelven a ser utilizadas es grandiosa.

Hasta pronto!


lunes, 9 de mayo de 2016

Sartenes y ollas.

Aquí os presento un pequeño post sobre éstos útiles de cocina. Hace ya cerca de un año que hice criba de éstos en mi cocina, hice mi pequeña investigación, saqué mis conclusiones, y por aquellos entonces, en cuanto a sartenes se refiere, me decanté por las de cerámica.

Estuve y estoy muy contenta con el resultado. Primero compré una, y largué todas las demás, y unos meses más tarde, compré otra de diferente tamaño.

El resultado ha sido, creo, bastante satisfactorio. La primera me duró un año aproximadamente, bien cuidada y la otra va por el mismo camino, empieza ya a pegarse alimentos por lo que no le doy mucho más tiempo de vida.

Las de teflón, que era las que tenía, las largué todas. No hay buenas opiniones de ellas en la red y yo le tengo declarada la guerra a los tóxicos, por lo que, según entendí en todas aquellas lecturas, dejé de utilizarlas. Y las de aluminio tampoco es que las pinten demasiado bien.

Las que mejores opiniones tenían, eran las de acero inoxidable, las cerámicas, las de vidrio y las de titanio. Y las he probado todas.

Las de acero inoxidable tienen la pega, para mi gusto, que se pegan con facilidad los alimentos, salvo que esté muy caliente, cosa que me trae de cabeza puesto que el aceite cuando está demasiado caliente emite benzopirenos y ... ya estamos los tóxicos y yo.... que no, que prefiero no usarlas. Eso en cuanto a sartenes, porque lo que son las ollas y los cazos, si que los tengo todos de acero inoxidable y muy contenta con los resultados.

Las cerámicas, pues para un año tampoco las descarto, aunque como prefiero más durabilidad, de momento no voy a comprar ninguna más, hasta que termine de probar ésta última agencia que os comentaré más adelante.

De vidrio tengo un par de recipientes, y muy contenta con ellos, los uso para horno sobre todo y alguna esporádica vez en microondas, y creo que las tendré de por vida.

Y la última adquisición ha sido una sartén de revestimiento de titanio. Por sus buenas  recomendaciones por la red, porque la recomienda una autora a la que tengo en muy alta estima, y sobre todo porque salió un ofertón en un hipermercado que tiene bastante buena fama en cuanto a sartenes se refiere (y otras cosas, claro), pues decidí probarla.

El titanio, si no me falla la memoria, es un material inerte que no desprende tóxicos cuando se calienta. Es muy antiadherente y necesita menos y nada de aceite para cocinar. Apenas llevo un mes con ella y estoy contentísima (con prudencia) y esperando a ver qué esperanza de vida tiene.

Los contras, lo que pesa, que pesa muchisimo, nunca tuve una sartén que pesase tanto, y el precio, claro, que supongo que será por la calidad. Las he visto a precios desorbitados, para mi humilde economía, no obstante, la tenía en mente, y por el ofertón que salió hace unas semanas, decidí probarla, a falta que pase más tiempo a ver cómo responde.

Así que poco más recuerdo de aquel estudio que realicé en su día, me decanté por éstas herramientas y éstos materiales, y a día de hoy estoy muy contenta.

Por supuesto que largué lo que no está escrito, baterías de cocina, sartenes, ollas, espátulas, paletas.... de teflón, y la cafetera de aluminio. Se quedaron las de vidrio, que también hacen las veces de ensaladeras, las ollas y cazos de acero inoxidable, y un par de sartenes de cerámica y titanio respectivamente. Cambié la cafetera de aluminio por otra de acero inoxidable, y las espátulas y demás por las de madera, acero inoxidable y bambú.

Las contras de la madera, dicen que absorbe bacterias que desprenden los líquidos que sueltan la carne y el pescado (por las tablas de cortar lo digo básicamente). Aquí no tengo ese  problema por lo tanto, las llevo usando muchos años y estoy contenta, aunque se ponen feos con el tiempo como es normal, pero  me gustan.  El bambú no sé como anda en cuanto a absorción de líquidos, y la contra es que no se debe meter al lavavajillas (creo recordar). Los de acero inoxidable, muy bien, aunque al ser metal, bien lejos de las sartenes, que las rayan y adiós antiadherencia ^^

Y de momento es todo lo que recuerdo de aquel "estudio" que hice en su día, y me hizo decantarme por éstas herramientas a día de hoy.

Gracias  a Amelia y Beatrix por la idea de comentar éste tema, así lo rememoro y lo tengo aquí a mano. Y por supuesto, si a alguien le sirve para orientarse e investigar por su cuenta, decidirse o incluso aportar sus conclusiones, bienvenido sea!! ^^


miércoles, 4 de mayo de 2016

¡Cuchillos fuera!.

Hoy me he pasado por el gigante sueco a abastecerme de recambios de rodillos de pegatina, de esos que son indispensables en cualquier casa que se precie con tanto micho como en la mía (por los pelangos que sueltan sobre todo en la muda ^^).


De momento es el lugar donde más económicos los he encontrado y me pilla relativamente cerca de casa, así que cuando voy, cargo de lo lindo.

Como lo tienen muy bien pensado, el camino hay que recorrerlo, y he pasado por la sección de cocinas, parándome a mirar los cuchillos.

Como prácticamente me paso el día cocinando y los vegetales son el producto principal en cualquiera de mis platos, he de reconocer que los cuchillos que tengo me llevan un poco martirizada.

Sólo tengo uno que realmente corte como tiene que cortar, los demás son un suplicio, y cuando tengo el bueno en el lavavajillas, y éste funcionando, me cachis en tós los mengues porque tengo que usar los que no cortan nada de nada, ni afilándolos.

Se me han ido los ojos a uno muy chulo, sin mango de plástico, todo es de una pieza, de acero inoxidable, de chef, con una pinta..... y un precio..... ains!!! qué dolor de precio.....  He visto otro similar, pero con mango, y más económico peeeerooooo.... me ha venido a la cabeza la cantidad de cuchillos con los que me he quedado colgada, con el mango en la mano y la  hoja encasquetada en las hortalizas, frutas y verduras. Y no, ésta vez el chip está cambiado y he optado por gastarme unos cuartos más, e invertir en calidad. Una herramienta que uso a diario, varias veces al día, tiene que ser algo que me haga la tarea más sencilla y encima disfrute utilizándolo, y ha caído... vaya si ha caído!! ^^


Al llegar a casa lo he probado y me ha encantado, así que se queda. He abierto el cajón y he sacado el otro bueno, los demás se han ido todos, sin pena ni gloria, y muy agradecida por sus servicios ;) Y junto a ellos, se han ido otra media docena de cuchillos que no utilizamos, porque son para carne, y el pan lo destroza, así que si no se usan, se van... byeeeeeeeeeeeeeeeee!!! 

Y qué despeje de cajones, y qué gusto usar cosas de calidad... o de no calidad, me da igual, el placer de usar las cosas que tenemos es inenarrable, sobre todo si son herramientas de trabajo. Que no soy cocinera profesional, pero me gusta mucho probar cosas nuevas, y cocinar todos los días, a todas horas, experimentar recetas, veganizarlas, y creo que ha sido una buena inversión.

Lo mejor, que entra uno y han salido diez (aplausosssssssssssss).

Hay que ver que con un par de cambios en la cocina, lo que vuelvo a disfrutarla. Ya voy con lupa a ver de lo que se puede prescindir, porque lo que se gana en comodidad y gusto no se puede expresar con palabras.

Ahora contadme como vais con las vuestras, que algunas me habéis soplado que ibais a meterle mano a las vuestras ;D ¿cómo lo llevais?? 

domingo, 1 de mayo de 2016

Decoraciones Minimalistas: Cocina más grande.

No, no me he metido en obras, ni ganas de momento. Es una de las zonas más nuevas de mi casa, y es la que más me gusta. Es mi centro neurálgico ^^

Últimamente me está interesando mucho el tema de la decoración de interiores. Siempre me ha gustado, aunque no tenía tiempo para andar mirando cosas, sencillamente me pasaba la vida moviendo muebles y trastos. Y ahora que no tengo casi nada que mover, tengo tiempo de ver cositas y de inspirarme.

Mi cocina es cuadrada, y es normal tirando a pequeña, pero sin agobios. En ella tenía también unas baldas en la pared y una mesa cuadrada de un metro cuadrado con cuatro sillas, en teoría para comer, pero no comemos en la cocina.

La mesa la usaba para poner el portátil mientras estoy en la cocina, o para las libretas, bolis y demás. Las baldas ya empezaban a acumular cositas, como cargadores, consolas, calculadora, lápices....

Creo que si los muebles no cumplen su función, pueden ser objeto de ser acumuladores de cosas, ya sean trastos o no. 

He estado reubicando las cosas que tenía en las baldas de la cocina, y las he quitado. También he sacado la mesa, y en su lugar he puesto una pequeñita rectagular con ruedas, dos cajoncitos y dos taburetes que lleva incorporados. Sencillamente cumple su función de mesa auxiliar. Ésta mesita ya la tenía, fue la primera que compré para la cocina, cuando sólo eramos dos y comíamos en ella. Ha vuelto a cobrar  protagonismo  :D

Ahora la cocina se ve más grande, lógicamente. He ganado muchísimo espacio y muchísima luz, y tiempo para limpiarla y recogerla. 

Lógicamente, ésto ha sido factible porque mi cocina sólo la utilizo para cocinar, no comemos ahí, entonces, una vez más, se cumple la máxima "menos es más", por lo menos en éste caso concreto.

De todos modos, en caso de tener que usar mesa en la cocina, creo que apostaría por alguna plegable o extensible, hay modelos maravillosos y muy prácticos, y desde luego que merece la pena tener espacio libre y sobre todo más tiempo.

Creo que voy a disfrutar mucho en ésta nueva faceta decorativa. Y con tan poco muebles, me temo que no me voy a cansar mucho, y sí jugar con muchas posibilidades ^^