viernes, 20 de noviembre de 2015

Un día sin guión.

He de decir que fue una buena decisión. Nada extraordinario sucedió ni tampoco se hundió mi vida, simplemente fue un día muy diferente al de otros y que de una forma u otra, enriquecieron mi vida y me dio la oportunidad de aprender más cosas.

Charlé con más gente de la habitual, conocí un par de tiendas de barrio que me parecieron maravillosas, aprendí dónde y como abastecerme de leña, y me di cuenta que también se hace ejercicio así. Le di una oportunidad a una película que al principio no me atraía nada, y me fui a dormir cuando tuve la primera pizca de sueño. Doce horas de sueño seguidas que me he llevado y estupendamente que me siento por ello. 

Y hoy me siento más inspirada y con ganas de hacer cosas, tanto pendientes como nuevas, creo que me ha venido muy bien la inyección de sueño (que no es que tenga deuda habitualmente pero bueno..) y no estar pendiente del qué tengo que hacer ahora.

Está bien eso de tener obligaciones y conjugarlas con el no saber qué haré ahora mismo, ha sido una buena experiencia que probablemente iré repitiendo cuando me lo pida el cuerpo.

Hasta pronto!

2 comentarios:

  1. Esther has aprendido algo fundamental, debemos vivir sin guión, pero sí con objetivo, pues no somos máquinas que precisen ser programadas (que eso es un guión), el ser humano tiene la intuición que es algo que supera cualquier programa.
    Mi objetivo es vivir de forma que agrade a Dios, sin guión previo ni programación, fluyo en el día a día con ese objetivo, me dejo llevar y ¡Oh sorpresa! Descubrimos esa tienda maravillosa como cuentas, esos vecinos que nos miran a los ojos e incluso el andar nos sirve de ejercicio sin ir a una máquina de gimnasio en nuestras horas programadas por el guión…
    Un saludo
    Alberto

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