viernes, 3 de julio de 2015

Mi boda minimalista.

En algún post anterior he comentado el hecho de que a pesar de haber tenido trastos acumulados para dar y regalar (y donar y tirar, todo sea dicho de paso), sí que hay ciertos aspectos de mi vida, que sin saberlo, habían sido, o bien simplificados de manera inconsciente, o bien los hice así porque sí.

A raiz del post invitado de Yuri al blog Homo Minimus de ¿Cómo sería una boda minimalista?, me ha venido a la cabeza la mía. Más minimalista ¡imposible!

Hace algunos años decidimos casarnos, fuimos al ayuntamiento a llevar la documentación necesaria, acompañados por un par de familiares y un par de amigos para que firmaran los papeles pertinentes, y todo quedó preparado a falta de poner una fecha y casarnos.

En principio todo iba a ser como hace todo el mundo, vestido, zapatos, restaurante, invitados.... 

Conforme iba preparando la celebración mentalmente, empecé a sentir mucho agobio, nervios, insomnio y demás malestares. A mi no me gustaba ese tema, así que como no había prisa por casarse, lo dejamos aparcado, a falta de poner fecha para la boda. Pensé que sería cuestión de tiempo, que se me pasaría el agobio, pero cada vez que lo pensaba, me ponía enferma....

Pasaron varios meses desde aquello, y empecé a reflexionar sobre el tema. ¿Quería casarme? Obviamente, la respuesta era afirmativa, pero.... ¿Quería toda esa parafernalia que conlleva una boda? Rotundamente no.

Y así fue como le propuse al jefe de la tribu el casarnos sin decírselo a nadie, en la más absoluta intimidad, algo nuestro, por y para nosotros, y así fue como decidimos hacerlo.

Llamé al ayuntamiento y les pedí la primera cita que tuviesen, y en menos de una semana, allí nos plantamos mi marido y yo en vaqueros, sin anillos y con mucha ilusión. Ni testigos llevé, así que tuvieron que firmar como tales, tanto el oficial como la secretaria que había en ese momento.

Y al terminar, seguimos nuestra vida, tal cual. Con los móviles de aquella época, nos hicimos un selfie con cara de tontos, y ese es el "recuerdo" físico de aquello. La foto no sé dónde está, supongo que ahora que estoy destrasteando el ordenador y las fotos digitales, aparecerá por algún lugar... es algo que no me preocupa demasiado, la verdad.

Por si os preguntáis si la familia se enfadó, pues la respuesta es que sí. Les duró aproximadamente 10 minutos el enfado, un precio que bien valió la pena por hacer algo que deseábamos tal cual nos nació y nos apeteció.

Y creamos escuela. Después de nosotros, tanto amigos como familiares han hecho lo propio y tan felices.

Una boda minimalista es posible, si se quiere. Y me repetiré mucho, pero no me canso de decirlo, en cueros vine y en cueros me iré. Y me llevo las experiencias, entre ellas, la gran satisfacción de haber hecho algo tan importante para mi, por encima de las opiniones de los demás. Siempre dentro del respeto, es nuestra vida, nuestra boda y nuestra forma de hacerla.

Vaya por delante mi más sincero respeto por las bodas tradicionales, que en caso de haberme gustado así, lo habría hecho.  Pero no fue mi caso :D.

Hasta pronto!!


2 comentarios:

  1. Mi boda también fue bastante minimalista. La verdad es que cada vez soy más consciente de que los que ahora buscamos el minimalismo en nuestras vidas, lo hemos sido de un modo u otro desde siempre. Tal vez no le poníamos nombre, o no terminábamos de encajarlo en algunas áreas de nuestra vida. Pero ahí estaba la semilla. Me encanta saber que hay más personas por el mundo que decidieron ser felices, no solo "mostrarlo a los objetivos" de las cámaras en una super boda :)
    Besos
    Darey

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    1. Yo pienso igual, creo que tenemos una semillita dentro y nos tiene inquietos hasta que damos con ella.

      Besitos!!

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